De viaje por Europa con Guillermo Altares

Guillermo Altares ha intentado en Una lección olvidada atrapar la historia de Europa en veinte instantes que recogen otros tantos momentos en los que se definió y sintetizó buena parte del carácter europeo en el que podemos reconocernos, y donde no están ausentes numerosas tragedias. Desde la cueva de Chauvet en Francia, en la que hace 36.000 años el hombre moderno intentó plasmar la complejidad de su mundo sobre las paredes, a las mujeres que caminan de fosa en fosa en Prístina, Kosovo, una línea donde se mezcla la alta creación y el horror, la cultura compartida y las matanzas, recorre Europa. Este libro de viajes por la historia de Europa desenreda esa madeja para lanzar un mensaje de esperanza y confianza en el futuro en medio de las tribulaciones y peligros del mundo actual, en el que los perros negros que siempre amenazan Europa, y que Ian McEwan acertara a sintetizar tan bien en una novela, vuelven a vislumbrarse en el horizonte en forma de nacionalismo y populismos.

Una lección olvidada mezcla con rigor y entusiasmo ensayos, novelas, poetas, tratados históricos, series y películas, junto a las notas de viaje del autor; una persona curiosa, erudita y observadora, que se interroga y busca las respuestas en los libros y en el pasado impreso en paredes, iglesias, esquinas, bares y también tumbas. De las cuevas húmedas donde se forjó la primera expresión simbólica moderna a las trincheras del Somme en la I Guerra Mundial, sin olvidar hitos tan importantes para Europa como la cultura helénica, la caída del imperio romano, la lucha contra las herejías, el Renacimiento y la revolución francesa, Altares desvela el pasado, expone sus contradicciones y se muestra generoso y conciliador incluso con los equivocados.

“Ellos somos nosotros” es una tesis que persigue este libro, ya sea en las barricadas de la Comuna de París o en la medianoche en el siglo de Auschwitz y el Gulag. Para Altares, Europa está compuesta de sus demonios pero también de una decidida voluntad de vivir juntos y entendernos. Por eso aquí el viajero por Europa busca por encima de las diferencias aquello en lo que estamos de acuerdo, aunque sea la gastronomía, el respeto por el pasado, el arte inigualable de sujetos siniestros y geniales como Caravaggio, Séneca, Víctor Hugo o Zola, capaces de rozar la excelencia y la mezquindad; junto a villanos sin escrúpulos a los que se pasa revista y se trata de comprender en su momento histórica. Informa,  pone en perspectiva, acude a todas las fuentes posibles como buen periodista para dar una visión equilibrada y ponderada de los sucesos.

La mochila de Guillermo Altares cargada de libros y memoria, de amigos y maestros que le guían, sirve para poner sordina y distancia donde vive el fanatismo y el desacuerdo. Un desencantado repaso a los fundamentos del odio entre albaneses y serbios por Kosovo se cruza con la descripción del exterminio de los cátaros. Hay una relación.  Europa ha tratado de destruirse a sí misma demasiadas veces, con especial furia en el siglo xx, pero de sus cenizas surgió la esperanza de un acuerdo de mínimos para vivir en un espacio mental y físico compartido. Este libro levanta acta de que esos lugares existen, extrañas ínsulas donde de la barbarie se ha forjado un ethos superior, más generoso y mejor que merece la pena cuidar.

Un paso más allá del mero libro de viajes y algo más acá de un panfleto europeísta, Una lección olvidada es ante todo un gran acta de lo mejor de ser de europeo, aquello que podemos degustar en cuadros, monumentos, parajes de batallas o callejones olvidados donde la historia vivió un momento para dejarnos algún aprendizaje útil.

Iván Alonso Pérez

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Pedro Ugarte se sincera en sus ‘Lecturas pendientes’

Ediciones Nobel ha publicado dentro de la Colección de Ensayo Jovellanos el nuevo y singular libro de Pedro Ugarte, Lecturas pendientes. Anotaciones sobre literatura, una recopilación de notas o diario sin fechas sobre diversos aspectos que atañen a la creación escrita y el mundo del escritor, pero no únicamente. Ugarte aprovecha para despachar opiniones sociales, políticas, morales, religiosas, personales y familiares siempre tamizadas por su firme confianza en la literatura. Al fin y al cabo, como se dice en la sinopsis, este libro es un “instante efímero, fugaz y libre de vida verdadera”.

Escrito a lo largo de los años, según confesión del autor, Lecturas pendientes destaca por su originalidad al no ser ni un diario de formalidad estricta -con su pesadez casi burocrática en el registro obsesivo de días- ni un mero recopilatorio de ideas deslavazadas sin unión. Varias temáticas ligan unos párrafos con otros de una manera diáfana: la biografía del autor, la relación de ésta con la escritura, su inserción dentro de un territorio muy concreto, que es el del País Vasco; la observación de los ciudadanos vascos como fenómeno antropológico y social; el análisis de lo diferente; la contemplación de uno mismo  y, cerrando el círculo, la manera de entender todo a través de los libros.

Ugarte ha decidido jugar con su lector con las cartas boca arriba y no ahorra nombres, lugares ni citas concretas frente al socorrido recursos de los sinónimos voluntarios que utilizan otros usuarios del género. Aquí no hay X y muy pocas iniciales oscuras. La sinceridad desarmante, lúcida, que empieza por él mismo y su autocrítica sin piedad, a veces incluso paródica cuando relata su condición física, es uno de los atractivos de un libro que incomoda con elegancia. No busca muchos aliados, no es una narración de parte para hacer sonreír a los excluidos de la literatura o congraciarse con los maestros. Es la vigilancia desde dentro y a la vez los extremos de alguien honesto en sus opiniones, directo, pero a la vez paradójicamente educado y discreto. Molesta sin querer molestar. Más que la verdad enuncia lo que sucede, desnuda a una sociedad hipócrita que predica una cosa y hace la contraria, que se deja llevar por sus arrebatos de superioridad moral y ejerce, en aras de la libertad, la grosería y el fariseísmo, al que el mundo del libro no es ajeno.

Es además inusitadamente generoso en los elogios y recomendaciones librescas. Ugarte lee a sus contemporáneos, se relaciona con ellos, los describe con misericordia -a veces con nostalgia- y recomienda apasionadamente la relectura para volver a entender al que fuimos. La biblioteca, la relación con los libros -no fetichista- es una parte importante de Lecturas pendientes, también el oficio y la vocación del escritor. Este puede ser un libro descorazonador para un joven aspirante al oficio más solitario del mundo. la literatura aparece como una faena dura e ingrata, llena de incomprensión y lo que son casi burlas. pero también es un espaldarazo a ejercer esa pasión por rellenar páginas que consume a muchos jóvenes. Los consejos además sobre sintaxis, adjetivación, uso de la lengua y estilo son de oro. Bajo muchas capas, también es un gran manual de escritura y un curso de escritura avanzada.

Será que al final sí es una expresión de vida verdadera. O al menos nos lo parece a quien vivimos cerca de los libros en distintas áreas y tareas. Merece la pena caminar por las calles de Bilbao con Ugarte y dejarse atrapar por la paradoja de vivir a través de los libros. Estas sentencias acompañarán al lector mucho tiempo.

Iván Alonso Pérez 

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Drugstore cowboy: don Quijote se mete un pico

Drugstore cowboy es la única novela publicada del escritor yonqui James Fogle, un auténtico asaltador de farmacias que murió en prisión y cuya obra escrita sigue bajo custodia de un albacea literario. Este título, basado en su experiencia dando palos a boticas, se convirtió en mítico cuando el director Gus Van Sant rodó su adaptación para cine con Matt Dillon en el papel principal. Sajalín Editores la ha publicado por primera vez en español con traducción de Juan Carlos Postigo.

Las aventuras de este cowboy de drugstore es una novela autobiográfica donde encontramos un auténtico caballero del chute. Bob Hughes, el protagonista, es un adicto a los opiáceos que se expiden con receta bastante atípico: ataca brutalmente las farmacias pero reprueba el uso de la violencia; le gusta colocarse todo el rato y sin embargo se niega a financiarse a través de la venta de droga; nunca dejará tirado a un colega; no roba a su familia y está enamorado de su novia. Además tiene conciencia y es supersticioso a dolor. Bajo la apariencia de una obra decadente, toxicómana y excesiva, se esconde un drama sentimental que cuenta la lucha de un hombre por vivir según sus reglas y su particular código de honor.

Hughes y su banda no tratan de moralizar al lector con sus malas experiencias. Una y otra vez, en pasajes memorables cargados de lucidez y honestidad, aclaran que quieren vivir como sucios yonquis, y admiten ser escoria social. Lo único que reivindican es la libertad de elegir su propio destino, luchar por su derecho de pasarse el día colgados, decidir caminar por la vida desde sus rincones oscuros.

Un caballero andante

Frente a sus poco piadosas intenciones, se levanta un sistema policial y judicial corrupto listo para tenderles trampas y acabar con sus huesos en la cárcel, esa “escuela de ladrones”, como el propio autor llamó a algunos de los centros en los que consumió su vida. Una allagaza de policías corruptos precipitará el drama de Bob y la concatenación de fatalidad y mala suerte que decidirán su destino. Pero pese a que las pruebas son duras, Hughes no renuncia a sus sólidos ideales delincuenciales.

Un cowboy solo es un vaquero, un mozo que cuida del ganado, pero la liturgia del cine y las novelas del oeste han convertido esta figura laboral en un mito. El cowboy de farmacias que aquí se representa podría traducirse como el caballero de los laboratorios o, incluso, como un caballero andante. Esa formulación tan sugerente define mucho mejor las intenciones elegíacas y soñadoras de Fogle en esta singular historia dedicada “a los pobres yonquis” que vio caer a su alrededor.

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La biblioteca bizarra de Eduardo Halfon

Biblioteca bizarra es una recopilación de artículos de Eduardo Halfon sobre literatura, bibliofilia y su relación con la escritura y la realidad que ya han aparecido publicados en diversas revistas y libros colaborativos. Se publican ahora reunidos en un solo tomo gracias al buen hacer de la editorial Jekyll & Jill con una impactante portada compuesta por la fotografía de la reportera gráfica Jean-Marie Simon, quien retrata a un hombre armado con sombrero y pistola en una carretera guatemalteca. Dos temas que, como veremos, no son ajenos a este volumen misceláneo donde se cruza la vida y la pasión por la letra escrita.

Se abre el tomo con el homónimo ‘Biblioteca bizarra’, breve colección de anotaciones que recogen anécdotas del mundo literario, siendo el más interesante de ellos ‘La biblioteca salvaje’, incursión especular en el mítico cuento ‘Sensini’, incluido en Llamadas telefónicas de Roberto Bolaño, donde se cuenta el encuentro entre un joven escritor, Belano, y un veterano autor en la antología de un premio local. Halfon encuentra ese libro premiado que sirvió de espoleta a la imaginación de Bolaño y se pregunta acerca de las trampas, las sorpresas e incluso las bombas que esconde la literatura.

La historia ‘Los desechables’ sirve de antesala a la incursión de Halfon en su memoria sentimental ante el nacimiento de su hijo. Si termina esta pequeña reflexión de su vista a un centro de desintoxicación de drogadictos con la lucidez de observar que todos alguna vez fuimos bebés indefensos en manos de quienes nos cuidaron, ‘Halfon, boy’ describe con precisión las incertidumbres, angustias vitales y dudas de un hombre que por primera vez va a ser padre. Alcanza aquí el autor momentos de gran lirismo aunque, en puridad, el tema no tenga demasiada relación con una biblioteca, y menos aún bizarra.

Sí lo es ‘Mejor no andar hablando demasiado’, crónica de su inicio en la literatura en Guatemala y de los riesgos que asumió por ello, entre los que se cuenta una amenaza mafiosa en forma de extraño visitante que deja una pistola sobre la mesa mientras elogia a Hitler. La literatura como motor de vida, pero también como riesgo en países donde romper la omertá del poder y el narco se toma muy en serio.

Hay dos artículos más sobre la memoria infantil y el proceso de escritura de Antón Chéjov, que sirven para engrosar un libro ameno pero no ligero, frágil pero no indiferente, donde se condensan algunas útiles reflexiones de Halfon sobre la locura que trae engancharse a la literatura.

Iván Alonso Pérez

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La novela sin spoilers: Homo Lubitz de Ricardo Menéndez Salmón

Será muy difícil que alguien resuma el argumento de Homo Lubitz, la nueva novela del escritor asturiano Ricardo Menéndez Salmón. Aquí no se corren riesgos de spoiler. Más que un argumento lineal, el texto es un viaje a lo sentimientos, ideas y obsesiones de una persona que consigue un gran éxito comercial, pero que vive obsesionado con lo aleatorio de la vida reflejado en los accidentes. Un gran accidente en concreto.  Como el que el 24 de marzo de 2015 ocurrió con el vuelo 9525 de Germanwings, cuando el copiloto estrelló voluntariamente su nave contra los Alpes. Su nombre era Andreas Lubitz. Ese es el hombre Lubitz: alguien que provoca una catástrofe sin que se esconda mayor significado detrás. Acaso una metáfora de nuestro tiempo.

Las consecuencias que un medicamento contra la intolerancia a la lactosa provocan en China, la búsqueda insensata del lugar que aparece en una fotografía e incluso un encuentro con el director David Cronenberg son algunos de los jalones que marcan un recorrido mental y sensorial por la culpa (la cura de la intolerancia ha provocado una elevada mortandad), la obsesión por la muerte y lo accidental (Lubitz), el pasado y también el valor del arte en el mundo de los argumentos racionales y las tramas bien cerradas.

Menéndez Salmón defiende la poética de lo aleatorio, la exploración de las metáforas, la libertad del lenguaje y la fluidez del pensamiento que en un solo párrafo pueden llevar al protagonista, el alcoholizado observador de sí mismo Richard O’Hara, a recordar a su madre o evocar el hotel de China en el que se alojó antes de su éxito en los negocios y su entrada en el museo de los horrores de la humanidad.

No hay que preocuparse por el argumento de esta novela ni indagar demasiado en su final. Hay que disfrutar del accidentado pasaje que el autor nos propone y detenerse a menudo, volver atrás, y cuestionarse lo que nos narra para seguir avanzando por el natural mundo de las ideas. Al igual que el fluir de nuestras mentes nunca es lineal, que nos contradecimos a nosotros mismos, se agradece también una literatura que ponga en cuestión el becerro de oro del relato. Y sí, podemos hacer spoilers: el avión se estrella, David Cronenberg estrena una película sobre el suceso y O’Hara contempla su vida como un cuadro de Pollock. Eso es todo.

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Los turistas desganados

La primera novela de Katixa Agirre, Los turistas desganados, plantea un equilibro  narrativo muy difícil: por una parte es la historia íntima de varias personas que viven y transitan por el País Vasco; por otro lado, es un relato sobre los años del terrorismo etarra, sobre las víctimas que provocó y sobre la situación en la que quedaron los familiares de los presos de la organización terrorista. La historia corría el riesgo de ser devorada por el contexto histórico y las polémicas que aún levanta, pero sin ese telón de fondo la trama perdería todo su sentido. He de decir que Agirre ha salido airosa del reto y su narración y personajes tienen valor por sí mismos, más allá del escenario en el que se mueven.

Los turistas desganados del título son dos, Ulia, una joven musicóloga nacida en el País Vasco, y su novio Gustavo, abulense y aficionado a los viajes culturales. Con su nuevo coche recorren el País Vasco parando de restaurante en restaurante, comiendo y bebiendo con sana glotonería mientras se pierden en divagaciones ociosas. Ulia está planeando una tesis doctoral sobre el compositor británico Benjamin Britten, polémico pacifista durante los años de la II Guerra Mundial; mientras que Gustavo solo se deja mecer por el narcótico del alcohol, ignorante aún de muchos aspectos de la vida que ha llevado su novia antes de conocerla.

El viaje es, como en toda novela, la excusa para un descubrimiento interior. A la luz de los sucesos vamos asistiendo a fogonazos del pasado y presente de Ulia. Que su madre convivió con un hombre que no era su padre. Que a menudo viaja a Andalucía o a Canarias a visitar a otro hombre encarcelado por asesinatos terroristas de ETA. Que ella misma llegó un día a plantarse en Granada para conocer a alguien cuyo recuerdo bloquea y le impide hablarle de él a su pareja. Que su temprana vocación musical está frustrada por su incapacidad para ‘vocalizar’ (hablar), quizá un efecto colateral psicosomático de su imposibilidad de explicar su parentesco con el hombre preso en la cárcel.

Ulia es consciente de los estragos terroristas provocados por el que dicen es su padre, entre ellos el asesinato de dos niños. La protagonista no es ninguna enferma de fanatismo y la narradora es tan honrada como para no ocultarlo con toda su crudeza. Aquí no hay interesadas elipsis ni metáforas cromáticas. Es esa realidad que choca contra el seno de protección en el que ha vivido (su madre y ‘padre’ adoptivo se lo ocultaron) lo que provoca la crisis del personaje. Al igual que su adorado compositor Britten, ella se encuentra en tierra de nadie, amante de la paz, solo busca algo de tranquilidad interior y centrar su vida lejos de los fantasmas del pasado, aunque las noticias cargadas de actualidad sobre un preso de la organización terrorista que sigue una huelga de hambre se inmiscuyen en ese viaje a la Patria -referencia quizá a la ya internacional novela de Fernando Aramburu- y provocan el afloramiento de todas sus contradicciones.

Entiendo que haya quien lea Los turistas desganados con el afán escrutador del que busca la marca del relativismo o de la ideología. Pero no los hay. A Ulia le molesta la intromisión de una periodista amiga de su novio que durante el viaje parece querer indagar en su pasado y se muestra despectiva hacia el tratamiento que los medios de comunicación dan de la situación del preso. Pero hay que decir que los medios merecen a menudo iguales descalificativos por sucesos no relacionados con el terrorismo etarra por parte de muchos ciudadanos sensibles. El personaje completo que Agirre ha creado no es de una pieza, no es una militante, no es una polichinela lista para vomitar su propaganda en cada línea. Es un ser humano sensible, contradictorio a veces, que trata de asimilar la marca del monstruo en su interior y continuar adelante con su vida personal e intelectual. Como decíamos al principio, la autora ha manejado bien el equilibrio de la incertidumbre y ha escrito una gran novela que merece vivir al margen de los debates ideológicos.

Dense el placer de conocer a Ulia y sus problemas, de viajar con los turistas desganados por el actual País Vasco y acercarse mejor a algunos de sus rincones y habitantes. Es una invitación a adentrarse en los pensamientos y dudas de quienes a veces suelen presentarse en bloque monolítico y con los que difícilmente vamos a trabar conversación en nuestra cómoda vida diaria. La buena literatura sirve para sacarnos de la comodidad, como lo hace esta honesta novela.

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Tú no eres como otras madres

Todas las historias sobre personas felices durante los años 20 del siglo XX en Alemania son tragedias. En algún momento de la fiesta alguien mencionará el nombre de cierto cabo austriaco y el telón caerá entonces pronto sobre los protagonistas entre huidas para salvar el pellejo, a veces de antiguos camaradas de parranda reconvertidos en matones nazis.

Tú no eres como otras madres de Angelika Schrobsdorff tampoco es una excepción. La protagonista de este peculiar libro de memorias, Else Kirschner, pasa de ser una liberada mujer de la clase alta alemana que va de hombre en hombre y recorre todo el compás de la juerga berlinesa junto a lo más granado de la cultura del momento, a encontrarse con la dura resaca de los años 30 y descubrir que pese a su arte para la fuga étnica es la hija de unos comerciantes judíos y, por tanto, para las nuevas autoridades de la esvástica, poco menos que un animal con derecho a nada.

Pero Tú no eres como otras madres no es el testimonio habitual sobre una víctima del nazismo. Antes que eso es el homenaje de una hija a su peculiar madre, alguien que quiso ser “lo completamente distinto” en el mundo que le tocó vivir, y que murió convencida de que había pagado el duro precio por su libertad y sus ansias de apurar la vida en forma de exilio y desgracias personales.

Este es un libro sobre la libertad religiosa, sexual, ideológica y vital de una mujer de una clase privilegiada, pero reglada y formal -la de los burgueses alemanes de religión judía a principios del siglo XX- y su lucha denodada para no ser como el resto y no cumplir el plan trazado para ella desde su nacimiento: casarse con un buen marido de religión judía y ser el ama de casa perfecta. Else Kirchner trata de vivir como una mujer moderna, adelantada a su tiempo, entre los placeres del sexo y los vapores del alcohol, a todo ritmo, convencida de encontrarse en el mejor lugar del mundo, esa Alemania rebosante de literatos, amantes de la música, filósofos y premios Nobel.

De cada hombre que se enamora concibe un hijo hasta reunir a tres vástagos, uno de los cuales, Angelika, escribirá al cabo de los años este nostálgico y arrebatado libro de memorias que deviene en novela sobre la suerte de una persona singular, alguien como Annemarie Schwarzenbach -recuerden Ella, tan amada de Melania G. Mazzuco- pero mucho más trivial, un personaje que podría haber salido de las casettes de Delphine de Vigan, una hedonista que busca sin embargo redención. Y su hija la dibuja con precisión, sin ocultar nada ni enterrar en explicaciones o justificaciones al lector. Se retrata en tercera persona, como un personaje más, a veces excéntrico y problemático, y es el punto de vista de la madre a través de sus cartas, diarios y opiniones quien la configura y traza.

Estamos, ya lo he dicho, ante un libro nostálgico, que carga con la pena de un mundo perdido, y sobre todo de una familia destruida por el fanatismo hitleriano y la guerra. Uno siente con congoja la suerte de esta gente algo indolente y pueril, pero que en ningún caso merecía la suerte que tuvieron. La historia no está para dar lecciones a las almas infantiles.

Amamos las historias que acaban mal, pero aún más aquellas que antes de acabar mal nos hacen palpitar. Else Kirschner no fue como otras madre, pero muchos ya quisieran haber tenido una madre como ella. Quien se asome a este libro descubrirá una manera singular de abordar la memoria, pero ante todo tendrá otra madre para siempre.

 

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‘Duelo’ de Eduardo Halfón

Duelo de Eduardo Halfón es la historia de un mito, el que rodea la muerte del tío del protagonista, Salomón, en el lago Amatitlán (Guatemala). O eso es lo que le contaron. O eso es lo que le decían de niño antes de empezar la investigación por su cuenta de las circunstancias que rodearon su muerte.

Duelo es también una inquisición sobre el pasado y la muerte en general. La de Salomón y la de otros niños que perecieron en ese lago en extrañas circunstancias.

Pero no es una novela reivindicativa. No esperes una novela sobre desaparecidos en guerras, revoluciones y golpes de Estado. No va de eso. Se parece más al mundo de Juan Rulfo donde asedian al protagonista personajes curiosos, a veces siniestros, otras imposibles, sacados de un rico imaginario autóctono que ya ha devenido en universal.

Duelo es una novela sensorial, construida a base de pequeños capítulos que funcionan como eslabones de recuerdos fugaces que aparecen y desaparecen cuestionando lo que el protagonista cree que sabe sobre su pasado. ¿Falleció su tío Salomón en el lago o en Nueva York? ¿Tampoco es cierto todo lo que sentía y recordaba acerca de este suceso? El mito funciona aquí como elemento fundacional de la escritura. Escribir para recordar o, mejor aún, escribir para vivir lo que nunca ocurrió.

Su autor cultiva el gusto por el léxico, la construcción sencilla y las intrahistorias sugerentes (como la del abuelo esclavo de los nazis). Se acaba y se vuelve a ella con curiosidad exigiéndole al texto más, pese a que es diáfano y no hermético. Una historia que se puede leer como un cuento siniestro, algo triste al fin, pero mágico y poderoso dentro de su duelo por los muertos.

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Los orígenes del fundamentalismo

He leído con gran interés ‘Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el islam’ de la Premio Princesa de Asturias Karen Armstrong, un libro escrito antes del 11 de septiembre donde ya alertaba de los riesgos de no entender las raíces profundas de los movimientos fundamentalistas que estaban recorriendo e incendiando las tres principales religiones monoteístas del mundo.

Armstrong explica en sus páginas que, frente a la visión que se tiene de ellos de fanáticos integristas medievales, los fundamentalistas hacen una interpretación ‘moderna’ de la religión rebuscando en sus ‘fundamentos’ para completar lo que el mundo desarrollado ha arrebatado, según ellos, a la humanidad: el mito y el lugar de Dios en el ser humano… Y a menudo esto se hace mediante una parodia del Estado laicista y la razón.

Los fundamentalistas a menudo denuncian con sensatez los excesos del cientifismo y la agresividad comercial del mundo capitalista que deshumaniza y aliena a las personas, pero su alternativa está lejos de la mansedumbre y el amor al prójimo que desprenden sus textos religiosos.

Si la civilización apuesta por el comercio y el individualismo, el fanatismo tiende a recurrir a los excesos del gregarismo e incluso la violencia. Según Armstrong, el mundo moderno ha liberado al hombre, pero le ha dejado solo y asustado, y el fundamentalismo vuelve siempre reformado para completar ese lugar y darle un a explicación a lo que es confuso y cambiante: el mal lucha contra el bien, pero el bien ganará pronto la partida y el Reino de Dios está próximo.

Armstrong alerta tanto del peligro de reprimir en exceso el fundamentalismo como de ser complaciente y tratar de aprovecharse de él para otros fines. Quienes se ríen del poder de los mitos y los símbolos suelen acabar pereciendo bajo ellos. Un desarrollo humano que no deje atrás a los desfavorecidos y tampoco condene y se burle del ansia de trascendencia que es natural a las personas, donde haya su sitio y respeto para la divinidad, parece lo más adecuado para afrontar esta tendencia antes de que el conflicto por desencadenar el Juicio Final sea inevitable.

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La vaga, que no vana, ambición de Antonio Ortuño

Hasta hoy no sabía nada de Antonio Ortuño ni de su ya larga carrera literaria a pesar de su juventud. A partir de hoy trataré de no perderme nada y leer todo lo que caiga en mis manos. La causa es La vaga ambición, un, claro está, ambicioso libro de relatos sobre las trampas y penurias de la literatura escrito para que nos asustemos, nos riamos o compadezcamos a quienes se dedican a este oficio dado a las ambiciones, aunque resulten casi todas algo vagas y etéreas. Oficio de fantasmas. ¿Alguien ha visto más divos por metro cuadrado que en una reunión de escritores? Si eres de los que escriben y te tomas poco en serio o te das importancia pero te gusta asomarte a tu propio abismo, sigue leyendo.

Me refiero a que sigas leyendo La vaga ambición, no este blog.

En seis relatos donde se cruzan Cervantes con Borges, la épica y la tragedia, la persecución del estalinismo y también una batalla familiar, Ortuño traza la biografía soterrada de un tal Arturo Murray, casado con Aura, y sobre el que siempre se yergue la sombra de una madre que inocula, vigila y censura el vicio de escribir. Si el primer cuento Un trago de aceite, es el trauma a partir del cual se origina una literatura; en El caballero de los espejos tenemos a todo un Pierre Menard (ese personaje de Borges) reescribiendo El Quijote para mofa de su familia. ¿Quién no ha sentido alguna vez vergüenza por escribir? ¿Cómo justificar que uno pasa su tiempo imprimiendo garabatos en una cuartilla? Sencillo, aunque cuándo tenemos ocho años no lo sepamos, cuando te pagan por ello.

En el cuento Quinta temporada encontramos un escritor que al oro se ha humillado poniendo su talento al servicio de los guiones de una serie de épica medieval. El problema es que el trabajo compartido a varias manos y las preocupaciones de los guionistas no son las suyas. Haga lo que haga su escritura se va a ver contaminada por las servidumbres de la ficción televisiva. De sentirse perseguido por las burlas familiares a ser burlado por las necesidades de la vida para pagar esa vaga ambición de que tu madre te reconozca al fin como escritor y tu mujer te respete por tener ese trabajo.

Claro que no todos los problemas se reducen al dinero. También hay dictadores que persiguen a escritores, como les sucede a Walter y Mijaíl (no son cualquier Walter y Mijaíl) en el Moscú de Stalin cuando se les ocurre estrenar una socarrona obra teatral que parodia la revolución en la granja de mierda que Koba, el temible, y sus acólitos están llevando a cabo en la URSS. Provocar es repugnante, sobre todo al dictador. Porque el oficio verdadero de un escritor es provocar y crearse mil enemigos y cargar solo contra ellos.

De eso va el épico final de La vaga ambición, de una carga de caballería por la literatura una mañana en Hastings, que cobra forma en un taller literario con desesperados que se mantienen en pie porque escriben. ¿Y para qué sirve sufrir tanta persecución, tanta vergüenza, tanto tragar aceite, tanto trabajo mercenario por la vaga ambición de ser escritor? Respuesta de Antonio Ortuño: para vencer y que Inglaterra sea conquistada, para mentir y engañar como no sabe hacerlo nadie, para que un día alguien cante las hazañas que inventan los escritores incluso en medio de las batallas de la cotidianidad más insípidas. Porque al fin esta vaga ambición sirve para algo. Para vivir más y mejor.

 

Iván Alonso Pérez

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